Madres, esposas y amas de casa durante el día; «veladoras» por la noche

En la zona existen siete mujeres que son madres de familia, esposas y atienden un hogar, pero además cuidan a la ciudadanía durante las noches, se trata de las damas qué se desempeñan como «veladoras» en diversas colonias de Tampico, Madero y Altamira.

Ellas son Guadalupe Hernández Juárez de 25 años, Bartola Ponce Alvarado de 48, Valentina Pérez Antonio de 51, Julia Morales Rodríguez de 50, Cecilia Hernández Cruz de 45, Liana Palacios Madrid de 25 y Ana Madrid Vásquez de 48 años de edad respectivamente y son compañeras de 63 hombres que integran el Sindicato Unido de Veladores de la zona Conurbada.

Todos los días, minutos antes de las 11 de la noche salen de sus viviendas y se incorporan a la vigilancia de colonias de Tampico, Madero y Altamira hasta las 6 de la mañana.

Actualmente la autoridad ya considera a estas personas vigilantes como primer respondiente en casos de emergencia, incluso ellas pueden acordonar un área pues cuentan con cinta amarilla, saben primeros auxilios, su labor especial es la de detener mujeres que hayan cometido un hecho ilícito o una infracción.

Un dato muy importante es que en el 80% de los casos en los que acuden a dar apoyo se trata de problemas familiares.

La señora Valentina explica qué en su experiencia la sorprendió un caso ocurrido en Monte Alto donde un sujeto le quemó las manos a su hijastro.

«La muchacha le pidió apoyo a un compañero en Monte alto, nosotros pudimos detener al agresor y nos apoyaron socorristas,…cuando llegamos a ese sector la gente nos correteó dos veces no nos querían, ahora que ven nuestro trabajo les da gusto como nos desempeñamos», platicó.

Por su parte Guadalupe Hernández quién vigila la colonia Tamaulipas lleva 3 años en esta ardua labor.

«Yo soy parte de esto porque mi abuelo y mi padre desde hace 40 y 50 años han sido veladores, he auxiliado en problemas familiares, accidentes, me ha tocado ver muchos fallecimientos lamentablemente, he ayudado en capturas de personas que roban, gracias a Dios no me ha tocado enfrentarme a personas malas, algunos agresivos pero estamos bien organizados pues pedimos auxilio a los compañeros y llegan rápido en sus motocicletas».

Indicó que la forma de vigilar es en parejas primordialmente para ayudarse en alguna situación: «tengo dos hijos qué los metí al turno vespertino de la escuela acoplando mi trabajo, cuándo llegó en las mañanas les hago de comer les preparó sus uniformes y se van a la escuela».

La señora Ana es madre de Liana y de otros tres jóvenes quiénes también son veladores los cuales la invitaron a unirse en este trabajo.

«Yo me integre con ellos como madre pues uno siempre está pensando en ellos, ahora ya recorro las colonias en moto, el ser velador es una labor tan bonita que te va enseñando hacer más humano».

Ellas invitan a las mujeres que quieran unirse pues es necesaria la labor de la mujer cuándo hay atenciones a féminas o el resguardo a niños.

El novio de Liana también es velador pero no es tan bonito como se escucha, ya que ellos andan en sectores separados y tanto uno como el otro piensan en el riesgo en el que podían estar sin poder ayudarse.

Las damas vigilantes traen esposas, radio, gas pimienta, bastón y macana.

Cada 7 días pasan por la cooperación voluntaria pero explican qué hay personas que realmente no les da nada y solo les dicen que «a la próxima», momento que al llegar de igual manera no les dan ni un cinco.

Ellas no cuentan con un salario ni con seguro médico por lo que cualquier cooperación que se les da les sirve para su sustento, para equiparse y uniformes.

 

Fuente: Milenio

 

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